Video Acusan que ICE le tendió una trampa: Esposa de soldado es interceptada por agentes al ir a un llamado en base militar
Giovanna Pérez nos envía la última fotografía que su familia se tomó unida, justo antes de que su marido partiera a su formación militar a Georgia, el pasado 24 de agosto. Confiesa que le aterra pensar que no puedan volver a tomarse esta foto en EEUU.
Cortesía Giovanna Pérez
Imagen Cortesía Giovanna Pérez
Ella y su esposo, Pedro Gutiérrez, tienen cuatro hijos de 17 años, 15 años, 11 años y el menor de tan solo 2 añitos.
Su hijo mayor está diagnosticado con TDAH y otro necesita pasar por un psiquiatra porque puede que también lo tenga.
“Esa fue una de las razones que hizo que Pedro se enlistase, íbamos a tener cobertura médica que necesitamos mucho, porque solo un bote de pastillas para el tratamiento son 500 dólares”, asegura Giovanna.
Por eso cuando recibió el mensaje de que ya podía ir a la base militar de Corpus Christie (a tres horas conduciendo de su casa, en Texas) a recoger las identificaciones militares, revela que sintió alivio. Rellenó un formulario y le indicaron que debía ir allí con sus cuatro hijos.
“Lo primero que me llamó la atención es que cuando llegué al primer acceso me dijeron que no les constaba que tuviéramos una cita, que no estaba en la lista de visitas”, reveló.
Ahí empezó una serie de comprobaciones y los oficiales le pidieron que esperase en una sala que describe como sala de comer.
“Todo era muy extraño, nos condujeron no a una sala de espera sino que parecía el espacio donde comían. Me identifiqué con mi pasaporte mexicano y matrícula consular, también con el formulario. Pasado un tiempo llegaron dos oficiales uniformados y me empezaron a hacer preguntas como dónde nací”, cuenta Giovanna.
“Diez minutos después entraron los agentes de ICE y hasta mis niños se voltearon a ver qué estaba pasando. Ahí empezó mi miedo, no sabía qué iba a pasar, no tenía comunicación con mi esposo. Los agentes me dijeron: ‘que tu esposo esté en el army no quiere decir que tú puedas estar aquí, me quedé paralizada”, relata todavía conmocionada por lo sucedido.
Cuenta que después de una serie de preguntas le indicaron que se tenía que reportar en la oficina de ICE de Harlingen (Texas).
“Fue una escena muy violenta para mí y los niños. Me volvieron a decir: ‘ya vimos que tienes una petición en proceso, eso no hace que puedas estar aquí’. Ni me dieron una notificación y además me dijeron que no me iban a dar las notificaciones militares”, apunta.
En ese momento, Giovanna tomó consciencia de lo que estaba pasando. Los documentos que entregó su esposo para enlistarse habían servido para ponerla en manos de ICE.
“En ese momento pensé: ‘yo no vine aquí a que me entregaran a ICE’. Se llevaron el formulario y empezaron a hablar entre ellos. Insistí en que necesitaba llevarme las identificaciones médicas y al final me las dieron, pero la pesadilla no acabó ahí”, denuncia emocionada.
Acudió a la oficina de check in de ICE el 24 de septiembre y relata que estaba muy asustada porque no sabía si iba a poder salir de allí.
“Me tuvieron todo el día, nadie sabía qué estaba pasando, nadie sabía si me iban a soltar o no. Finalmente me dijeron que tenía que ir ante un juez porque tengo una orden de deportación y que necesitaba un abogado si quería pelearla”, cuenta Giovanna rompiéndose al recordarlo.
“Yo en ese momento pensé que qué iba a pasar con mis hijos. Mi esposo está en el ejército y si yo no estoy qué va a ser de ellos. Es profundamente injusto, no tengo record criminal”, lamenta.
“Y es que no entiendo, no me pueden expulsar a un país donde no tengo ni familia. Yo llegué a EEUU con seis años, todos mis recuerdos son aquí, me pasaron muchas cosas en la cabeza porque es muy injusto y no sé aún qué va a pasar”, cuenta Giovanna.
Relata que el pasado 13 de octubre acudió a su primera cita en la corte a que le leyeran los cargos presentados contra ella.
“El juez reveló el peor de mis temores. Me dijeron que enfrento cargos de deportación porque estoy aquí ilegal. Fue una trampa, me sentí entregada a ICE. Mi marido está en el ejército y en lugar de que nuestra familia esté más segura lo han aprovechado injustamente. Nos mintieron a mí y a él. Lo he sentido como una traición”, comentaba entre lágrimas.
“No paro de pensar en qué va a pasar, puede que él salga del entrenamiento y encuentre que ya no estoy aquí, es un miedo terrible. Además, no podemos comunicarnos, solo podemos enviarnos cartas y muy de vez en cuando una llamada”, cuenta Giovanna.
Preguntada por si ha podido precisamente compartir con él los acontecimientos recientes y su cita con el juez, se derrumba.
“Esto complica aún más las cosas. No les dejan hacer llamadas, supongo que sienten que les vamos a distraer. Pero le mandé una carta contándole lo que pasó y consiguió llamarme. Fue terrible, me pidió perdón, se sentía culpable de lo ocurrido y también traicionado. Me insistió en que le dijeron que no iban a hacer nada a su familia”, confiesa visiblemente afectada.
Giovanna cuenta que entrar en el ejército era el sueño de su esposo Pedro.
“Él dio ese paso para servir al país. Se preparó durante mucho tiempo y me dijo muchas veces que lo hacía por el bien y el futuro de nuestra familia. Pensamos que así sería y ahora puede que nos separen y dejen a mis hijos desamparados”, denuncia.
Pedro Gutiérrez, de 35 años, es ciudadano estadounidense. Giovanna Pérez, también de 35 años y originaria de México, fue traída a EEUU por sus padres cuando tenía seis años. Ha pasado 29 años, la práctica totalidad de su vida en el país.
“Yo no tengo familia ni a nadie en México, no me pueden llevar allí. Teníamos planes de tramitar mi residencia, estábamos haciéndolo, esto me parte por la mitad”, confiesa.
“Ahora vivimos con miedo por lo que pueda pasar, no quiero que me arresten, no quiero dejar a mis hijos solos. Últimamente prefiero hacer compras en línea y que me las traigan a casa, me quedo detrás de la puerta. También con los niños, he dejado de ir al parque con miedo. Ellos se dan cuenta y les digo: veamos una película, quedémonos en casa. No salimos con tal de no estar expuestos, siento que corremos peligro”, asegura Giovanna.
La familia se enfrenta a una posible separación forzosa en plena campaña de las elecciones de medio término, una campaña en la que la política antiinmigración de la administración Trump está en el debate público.
“Yo si pudiera hablar con Trump le pediría que recapacitara. Igual que nosotros hay muchas familias que están sufriendo. No somos criminales, no hemos hecho nada malo, todo nuestro procedimiento es dentro de la ley y mi esposo decidió dar la vida por la nación. Le pediría que tuviera compasión por la gente, no somos delincuentes”, recalcó.
DHS comunicó a través de un portavoz que estar alistado en el ejército no es considerado una protección o permiso de residencia.
Su abogado contó en una entrevista con N+Univision que su próxima cita con la justicia es el 10 de noviembre.
Giovanna asegura que intenta mantener la esperanza de que, pasado ese día, su familia pueda permanecer unida en el país.